
En la logística de cadena de frío, una lámpara UVC germicida que no puede mantener su rendimiento a -20°C no solo es ineficaz, sino que también genera una falsa sensación de seguridad. El frío cambia la impedancia del arco eléctrico; los contaminantes se condensan en el revestimiento de cuarzo, y el flujo de fotones UVC disminuye. Como resultado, las superficies no reciben la dosis adecuada de radiación, lo que permite que los microbios sigan existiendo.
Lo que realmente importa es la longitud de onda, la intensidad de la radiación y la estabilidad de la lámpara bajo condiciones de frío extremo. Utilizamos lámparas de descarga de mercurio a baja presión, ajustadas a la longitud de onda de 254 nm, junto con un revestimiento de cuarzo que mantiene la transmisión de UV aun cuando la lámpara está sometida a estrés térmico. La lámpara está diseñada para mantener su funcionamiento estable a -20°C, lo que permite obtener una intensidad de radiación constante en toda la superficie tratada. En otras palabras, se logra un control preciso de la dosis de radiación, sin las fluctuaciones que ocurren debido a los ciclos repetidos de calentamiento y enfriamiento.
La razón por la cual esto funciona es porque la cadena de frío no es simplemente una habitación, sino más bien una cámara de choque térmico. La unidad UVC está diseñada para funcionar continuamente en condiciones de frío extremo, con materiales y diseños de electrodos que evitan fallos al arrancar y mantienen una salida constante de radiación. De esta manera, se obtienen ciclos de desinfección fiables, intervalos de mantenimiento predecibles y menos interrupciones inesperadas en el funcionamiento de la lámpara.
Algunos aspectos importantes en el uso de estas lámparas: la geometría de montaje y la limpieza del reflector determinan directamente la dosis de radiación que se aplica. La escarcha, el hielo y el polvo en el revestimiento de cuarzo pueden reducir la intensidad de la radiación más rápidamente que el envejecimiento de la lámpara. Es necesario mantener la lámpara bien sellada, verificar su alineación y realizar chequeos periódicos con un radiómetro.
Y dado que la exposición a 254 nm es perjudicial para los ojos y la piel, los dispositivos de protección deben considerarse parte integral del sistema, y no como elementos adicionales.